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miércoles, 2 de enero de 2013

ANTIGUA FACULTAD DE DERECHO DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ
ACTUAL SEDE DEL INSTITUTO RIVA AGÜERO DE LA CIUDAD DE LIMA 

jueves, 17 de mayo de 2012

Perú vivo. José León Barandiarán. Sobre el ejercicio de la abogacía.
     
En 1966 Juan Mejía Baca publicó bajo el rótulo de PERÚ VIVO, un conjunto de textos que exploraban y rastreaban conceptos como cultura, compromiso, historia, integración, estado, patria. En ese entonces el Perú era visto bajo el lente de la esperanza y la inquietud, de la expectativa y la frustración.

“Esta Biblioteca “PERÚ VIVO” no aspira a convertirse en un simple aunque respetable recuerdo sentimental. Su fin esencial es neto: persigue mostrar al Perú en su proyección cultural ecuménica, en la hondura del pensamiento de sus hombres singulares y en la preocupación aleccionadora que esos hombres han mantenido y mantienen por todo lo que significa elevación espiritual, firmeza de propósito y fe renovada en un mejor destino del Perú y de América“, refiere Mejía Baca, en la contratapa.

Uno de esos textos fue escrito por José León Barandiarán. Reproduzco unos párrafos respecto al ejercicio de la abogacía [Páginas 24 y 25].

“Desde cierto punto de vista, la abogacía está sometida a algunos factores que son causa de responsabilidad y también de angustia, las cuales las siente un abogado que verdaderamente comprende la profesión como ella en verdad es. El abogado sirve al cliente. Refiriéndose especialmente al caso de la defensa, él ha de esforzarse poniendo el contingente de su preparación profesional, vale decir, de sus conocimientos aplicables in casu, a la finalidad buscada de ganar el litigio. El cliente cree que ha de ganar el juicio; a lo menos esto es frecuente. No obstante, ello ni puede saberse sino cuando el juicio es decidido. Antes sólo cabe conjeturar, así sea con menor o con mayor fundamento, acerca de ese resultado. Porque quien decide en último término es el juez; y nadie puede estar seguro de cómo una cuestión apreciada por uno puede ser apreciada por otro. No se puede tampoco saber de antemano el decurso mismo que tendrá el litigio, en que va a incidir la interpretación opuesta, del abogado de la otra parte, que defiende y sutenta un punto de vista contrario. Relativamente hablando el litigio, como todo fenómeno que puede ofrecer  azarosas contingencias, tiene algo (además de lo que es fundamental, de arte y técnica) también de juego. Esto no deja de brindar cierta atracción sicológica, ya que hay algo que es característico al hombre, en el sentido que le guste operar como homo ludens… Pero la seriedad del hecho de que el abogado es depositario de confianza ajena, sin que el depositante se percate a sí mismo de lo infundado de esa su confianza tal vez absoluta o cuando menos exagerada, lo coloca al abogado en la crítica situación de poder sentirse responsable y de angustiarse, cuando el resultado del litigio es adverso, aunque haya puesto todos sus conocimientos y todo su empeño tendentes a un resultado que no pudo obtenerse. Responsabilidad y angustia! He aquí dos secuencias que acompañan a la labor del abogado, porque mientras se desarrolla un trabajo que él dirige, prevé un peligro que no está del todo en su mano conjurar, una contingencia adversa que puede producirse y que, así, no permite que se instale la confianza, el optimismo, la serenidad acólita de la seguridad. Sí; el abogado vive una vida de tensiones en cuanto abogado, con esa seguridad antes aludida. Claro, él puede decir que no es responsable, que los juicios se ganan o se pierden por decisiones y por causas que supeditan su voluntad. (De ahí el dicho: defender la causa como propia y perderla como ajena). La reflexión fríamente considerada, es correcta. Pero en la realidad de la vida sicológica no es así. El abogado, a lo menos, tiene que hacer un penoso esfuerzo para liberarse de la dolorosa impresión que le sobreviene por causa de lo que le ocurre desfavorablemente en el ejercicio de la profesión“.

martes, 21 de marzo de 2000


PERSONAJES DISTINGUIDOS

José León Barandiarán

Un día de diciembre del año 1889 nació José León Barandiarán, eminente tratadista del Derecho Civil en el Perú y el más calificado de los codificadores y críticos del Código Civil de 1984.

Los conocedores del derecho aseguran que nadie como León Barandiarán ha estudiado, analizado y explicado el Código Civil peruano. Desde 1965 trabajó infatigablemente en el proceso de reforma del Código Civil de 1936 que culminó el 24 de julio de 1984 al promulgarse el Código Civil de actual vigencia.

Con León Barandiarán se inaugura intensamente una nueva fase crucial en el desarrollo de la Ciencia Civil. A través de su afamada obra Comentario del Código Civil Peruano se inician los primeros estudios sistematizados sobre el Código Civil de 1936, estudios caracterizados por su vigorosidad científica y metodológica, con amplio dominio doctrinal y de derecho comparado.

Barandiarán no sólo se conformó con manejar correctamente el Código Civil, sino que se preocupó en formar una pléyade de distinguidos discípulos y maestros aglutinados en la denominada Escuela Peruana de Derecho Civil.

Su prestigio prontamente alcanzado le permitió integrarse, en 1930, a la Comisión que redactó un Proyecto de Constitución Política del Estado, y en 1931 a la Comisión encargada de redactar el Proyecto de Ley de la Reforma Universitaria. Fue miembro de las comisiones de reforma del Código de Comercio, de la Ley del Notariado y de la Ley Orgánica del Poder Judicial.

En el contexto político Barandiarán también sirvió a su país. Fue asesor jurídico y luego Ministro de Justicia y Trabajo en el Gobierno de José Luis Bustamante y Rivero, y llego así a formar parte de uno de los más recordados gobiernos democráticos, considerado por Jorge Basadre "la más bella coyuntura del Perú del siglo XX para un gran salto adelante en su vida colectiva".

Escribió numerosos libros, entre ellos Tratado de Derecho Civil Peruano, en 8 tomos, La concepción de la ley de Santo Tomás de Aquino, Manual del Acto Jurídico, así como Perú Vivo y la Sucesión Hereditaria en la Jurisprudencia Suprema.

El bagaje de conocimientos no sólo jurídicos, sino también de historia, filosofía, arte y literatura lo llevó a meditar y plasmar significativos escritos sobre Shakespeare, Kafka y el proceso de Jesús. En una oportunidad manifestó que los libros que le dejaron profunda huella fueron la Biblia y El Quijote.

Admiró a César Vallejo. Fue el primero en escribir un artículo periodístico haciendo notar los méritos de Trilce, segundo poemario del vate trujillano. Este artículo originó una interesante polémica en torno a la obra, hecho que Vallejo agradeció enviándole un libro dedicado.

Maestro sanmarquino

Luego de dejar su natal Lambayeque León Barandiarán llegó a la capital con el propósito de continuar sus estudios superiores. La universidad elegida fue San Marcos donde optó en 1935 el título de Abogado y en 1938 el grado de Doctor en Derecho.

Desde joven destacó en la docencia universitaria, y se inició como profesor adjunto en el curso de Derecho Civil de la Facultad de Derecho de su alma mater.

Su actividad docente la desarrolló fundamentalmente en San Marcos. En 1965 fue elegido Decano de la Facultad de Derecho y un año después, Rector de la Cuatricentenaria Universidad.

Su vocación de maestro también lo llevó a dictar cátedra en la Pontificia Universidad Católica del Perú, San Luis Gonzaga de Ica, Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque y en San Martín de Porres, en Lima.

Pretender nombrar cada uno de los cargos asumidos por nuestro homenajeado sería una tarea interminable. Sin embargo, es necesario señalar que en 1954 fue elegido Decano del Colegio de Abogados de Lima, en cuyo auditorio principal se ha colocado su retrato dibujado en óleo como una muestra de admiración y reconocimiento a su obra.